Abstract
In October 2019, Chile experienced one of the largest mass protests in its recent history. This article examines the socio-psychological mechanisms underlying the Estallido Social, arguing that growing perceptions of injustice—rather than worsening economic conditions—were central to mobilization. Drawing on Relative Deprivation Theory and Social Justice Theory, the study uses data from the 2009 and 2019 waves of the International Social Survey Programme (ISSP). The findings show that although Chileans perceived slightly lower economic inequality in 2019 than a decade earlier, their tolerance for inequality declined significantly, widening the gap between perceived and fair levels of inequality. This gap intensified feelings of deprivation, particularly among women and lower socioeconomic groups, who were more likely to report dissatisfaction with inequality. These results challenge the idea that the protests stemmed from rising perceptions of inequality and instead point to a crisis of legitimacy driven by unmet expectations and the growing perception that economic inequality is no longer the fair or justified outcome of the country’s income distribution system.
En octubre de 2019, Chile experimentó una de las mayores movilizaciones de protesta de masas de su historia reciente. Este artículo examina los mecanismos sociopsicológicos subyacentes al Estallido Social y sostiene que el creciente sentimiento de injusticia —más que un deterioro de las condiciones económicas— fue un factor central de la movilización. Basándose en la Teoría de la Privación Relativa y la Teoría de la Justicia Social, el estudio utiliza datos de las encuestas del International Social Survey Programme (ISSP) correspondientes a 2009 y 2019. Los hallazgos muestran que, aunque los chilenos percibían niveles ligeramente menores de desigualdad económica en 2019 que una década antes, su tolerancia hacia la desigualdad disminuyó de manera significativa, ampliando la brecha entre los niveles de desigualdad percibidos y aquellos considerados justos. Esta brecha intensificó los sentimientos de privación, particularmente entre las mujeres y los sectores socioeconómicos más bajos, quienes mostraron una mayor propensión a expresar insatisfacción con la desigualdad existente. Estos resultados cuestionan la idea de que las protestas fueron consecuencia de un aumento en la percepción de la desigualdad y, en cambio, apuntan a una crisis de legitimidad impulsada por expectativas insatisfechas y por la creciente percepción de que la desigualdad económica ya no constituye un resultado justo o legítimo del sistema de distribución del ingreso del país.
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