Abstract

Los 11 trabajos que integran este suplemento de Global Health Promotion (GHP) dan una amplia idea de cómo se han concebido, generado y sostenido los entornos promotores de salud, tanto en Taiwán como en el resto del mundo. En este editorial, me detendré en los trabajos internacionales, los cuales abarcan entornos muy diversos, a saber: ciudades, universidades, centros penitenciarios y clubes deportivos.
En cuanto a las universidades, tanto Suarez Reyes y Van den Broucke (1) como Newton et al. (2) señalan que las instituciones de enseñanza superior son entornos importantes no solo por la cantidad de personas que abarcan, entre estudiantes y personal laboral, sino también porque desempeñan un papel fundamental en la conformación de la sociedad y de ahí saldrán los licenciados que serán responsables de tomar las decisiones en un futuro. El primer trabajo presenta una revisión sistemática que explica cómo se ha aplicado este enfoque en contextos culturales diferentes, mientras que el segundo se basa en una investigación instrumental de casos prácticos en dos instituciones de educación superior de Gran Bretaña, para explicar cómo se ha hecho operativo el concepto de universidad saludable.
Baybutt y Chemlal (3) exploran el concepto del centro penitenciario promotor de salud, señalando que este entorno brinda una oportunidad valiosa para abordar las desigualdades de salud y la exclusión social, puesto que invierte en la salud de un sector de la población desfavorecido y marginado. Este trabajo, el cual se basa en doctorados y contempla experiencias inglesas y francesas que utilizan la horticultura y las intervenciones relacionadas con la naturaleza, subraya el potencial de lograr un impacto positivo tanto desde el punto de vista de la salud como de la justicia. Pasando a un entorno menos formal, Kokko et al. (4) se centran en los clubes deportivos promotores de salud, repasando la literatura internacional al respecto y agrupando los resultados evaluados, por ejemplo, para Australia, Bélgica, Finlandia, Irlanda y Suecia. Identifican dos temas de investigación principales: estudios relacionados con la actividad, que tratan de las inversiones en políticas y prácticas de promoción de la salud por parte de los clubes deportivos y las organizaciones deportivas nacionales; y estudios relacionados con el “networking,” interesados en establecer asociaciones más amplias.
El comentario de Rice y Hancock (5) amplía el foco y se centra en las ciudades. Estos autores estudian los entornos urbanos como lugares de acción equitativa y sostenible, antes de entrar en las implicaciones que ello tiene para el gobierno: abogan por el liderazgo del gobierno local equilibrado por una visión ampliada de los procesos participativos y colaboradores. Patrick et al. (6) continúan con este enfoque en los asentamientos, pero centran su atención en dos movimientos dinámicos pero opuestos. Después de explicar los retos urgentes de la degradación ecológica, el cambio climático y el agotamiento de recursos naturales a los que se enfrentan la humanidad y el planeta (y habiendo cuestionado hasta qué punto la promoción de la salud se ha implicado de manera significativa en estos sujetos) comparan el movimiento de las “ciudades saludables” y el de “transición,” y concluyen proponiendo vías de solución.
Estos artículos y comentarios exploran una serie de temas y retos actuales que inciden en el desarrollo futuro de los entornos promotores de salud, reflejando las prioridades contempladas en otros trabajos (7–11).
En primer lugar, varios de los trabajos subrayan la importancia de que la teoría y la práctica tengan en cuenta la cultura y el contexto concretos de un entorno determinado, así como la necesidad de centrarse en la actividad principal de cada entorno. Suarez Reyes y Van den Broucke (1) señalan que son pocos los programas universitarios promotores de salud que se hayan diseñado teniendo en cuenta profundos factores culturales como la historia, la religión y el contexto social de cada institución; Baybutt y Chemlal (3) tienen como defensa que para la aplicación eficaz de un enfoque sistémico en el contexto de la justicia, se necesita que el centro penitenciario promotor de salud sea seguro, fiable y reformador; y que venga avalado por su compromiso con la defensa de los derechos humanos, el respeto y la honradez; y Kokko et al. (4) proponen que los clubes deportivos promotores de salud utilicen el “idioma del deporte” para garantizar una implicación y adhesión máxima, y defienden el concepto de que la investigación futura en este campo debería fundamentarse mucho más en la cultura de los clubes deportivos, utilizando la teoría sobre la implementación para profundizar en la comprensión de las motivaciones, los problemas y los potenciales, y así mejorar el desempeño.
En segundo lugar, todos coinciden en la importancia de adoptar un enfoque integral, es decir, de la totalidad del entorno, junto con la apreciación de los retos que conlleva. El punto de partida de la revisión sistemática de Suarez Reyes y Van Den Broucke (1) es subrayar el concepto de universidades promotoras de salud que incluye la mejora de la salud y el bienestar de toda la comunidad universitaria; Newton et al. (2) concluyen que si queremos que la universidad esté imbuida del concepto de salud y bienestar “salutogénicos,” es esencial apreciar las complejas conexiones y sinergias existentes entre las partes integrantes, y que aquello se considere un valioso medio de optimizar su desempeño; pero también señalan que a menudo la escala y la compleja estructura organizativa de la enseñanza superior son un inconveniente para adoptar la perspectiva de la universidad en su totalidad, y Baybutt y Chemlal (3) (quienes subrayan la centralidad de la salutogénesis de manera similar) defienden la posición que la implementación de prisiones promotoras de salud exige que las múltiples partes del sistema penitenciario se interesen en un proceso de cambio y que, por muy difícil que pueda ser, la evaluación debe aspirar a entrar en la complejidad y comprender por qué y cómo el enfoque integral sistémico añade valor. Intrínseco a este enfoque de la totalidad del entorno es el reconocimiento de que los entornos representan a la vez lugares físicos y espacios sociales, extremos que subrayan Rice y Hancock (5).
En tercer lugar, se aprecia el valor de conectar los diferentes entornos, en la teoría y en la práctica. Baybutt y Chemlal (3) destacan la importancia de abordar múltiples temas sociales y de salud a través de un sistema de justicia criminal más amplio antes, durante y después de una estancia en prisión, y señalan que el desarrollo de asociaciones efectivas entre organismos del sector público, privado y no lucrativo será decisivo para poder aplicar un enfoque coordinado de todo el sistema, que abarque a la vez salud y justicia: Kokko et al. (4) destacan la necesidad de establecer asociaciones efectivas entre los clubes deportivos y otros entornos como los hogares, las comunidades y las escuelas; Patrick et al. (6) reflexionan sobre cómo el movimiento de “transición” ha ampliado su foco inicial en las ciudades y ha llegado a abarcar una gama de entornos organizativos y determinados por su ubicación, a saber, las ciudades, los vecindarios y las universidades; y Rice y Hancock (5) apuntan que para que la acción sea efectiva a la hora de abordar los retos actuales y futuros, hay que actuar localmente en los entornos donde la gente hace su vida (en ese sentido, la ciudad “ofrece el paraguas y el contexto ideal, pues incluye a hogares, escuelas y universidades, lugares de trabajo, hospitales y comunidades”).
En cuarto lugar, se ha constatado que el enfoque de los entornos, y de una promoción de la salud más amplia, tiene que establecer conexiones con agendas paralelas. Rice y Hancock (5) se centran en la sostenibilidad ecológica y la equidad social, y exploran cómo los entornos urbanos pueden implementar acuerdos de gobierno apropiados para garantizar acciones equitativas y sostenibles, y animan a las redes a que establezcan vínculos explícitos; Patrick et al. (6) destacan la importancia de implicarse en la justicia social y medioambiental, y estudian cómo el movimiento de las “ciudades saludables” y de “transición” podría hacer más hincapié en los beneficios comunes, logrando acuerdos ventajosos para todas las partes, es decir, para la salud pública, la reducción de emisiones y el bienestar ecológico; Baybutt y Chemlal (3) contemplan las interconexiones entre la naturaleza, salud y sostenibilidad, y destacan la importancia de vincular a salud, justicia e inclusión social; y tanto Suarez Reyes y Van Den Broucke (1) como Newton et al. (2) sugieren que el enfoque de las universidades promotoras de salud debería centrarse en la sostenibilidad dentro y fuera del territorio universitario.
Para concluir, confío en que estos artículos y comentarios ofrezcan valiosa información a todas aquellas personas que trabajan en el ámbito de la promoción de la salud y la salud pública, así como perspectivas innovadoras sobre la teoría y la práctica de los entornos promotores de salud en todo el mundo. Quisiera dar las gracias a los autores por sus trabajos, a los revisores por su valiosa aportación, a la Unión Internacional de Promoción de la Salud y de Educación para la Salud, y a la Dirección de Promoción de la Salud del Ministerio de Salud y Bienestar de Taiwán, por haber hecho posible la publicación de este suplemento.
Footnotes
Conflicto de intereses
No se declara.
