Abstract
Es notable el incremento de delitos protagonizados por jóvenes, siendo difícil distinguir entre la actividad delictiva propiamente dicha y un comportamiento desviado de costumbres, tradiciones, condicionamientos socioeconómicos, o el medio habitual en el cual se desarrollan desde sus primeros años de vida. Para conocer las percepciones y significado del contexto de procedencia de jóvenes en situación de encierro, se desarrolló una investigación cualitativa considerando las normativas del Consejo de Organizaciones Internacionales de las Ciencias Médicas. Se realizaron entrevistas con marco pautado a 28 varones y 4 mujeres alojadas en los centros socioeducativos del Área Penal Juvenil de la Provincia de Córdoba, Argentina. El análisis de la información se realizó a través de la Teoría Fundamentada (muestreo teórico, método comparativo constante) y Triangulación de investigadores. Los jóvenes del estudio integran familias del tipo extendida, donde surge la figura del padrastro. Las actividades de la familia, se dividen entre la escuela para los pequeños y laborales para el jefe de familia. Refieren buena relación familiar; confianza con hermanos, no aceptan puesta de límites. No han cumplimentado la escolaridad, por mala conducta, y/o falta de interés. Referido a sus amigos, diferencian según procedencia (escuela y/o barrio) y clase social. “La esquina” aparece como lugar de encuentro en el barrio. Los deportes surgen para el tiempo libre. Presentan experiencia laboral, incluyendo actividades ilícitas, de diferente significación: renta para adquirir sus gustos y/o ayuda familiar y como espacio de aprendizaje. Se describen bondadosos y solidarios, contraponiéndose a su accionar. Para el egreso de la institución, tienen expectativas relacionadas al trabajo formal, escolaridad y cambio de conductas motivada por afecto materno. Si bien estos jóvenes provienen de contextos diversos, la situación de encierro revela la construcción de cambios conductuales y anhelos, que al egreso serán condicionados por su contexto.
Introducción
El notable incremento de hechos delictivos protagonizados por jóvenes y adolescentes, se ve reflejado en el ingreso de jóvenes asistidos en los centros socioeducativos del área penal juvenil de la Provincia de Córdoba. Estudios realizados en este contexto demuestran, que si bien, la población varía, el número de jóvenes se mantiene constante o en aumento. Esto provoca una alarma social, siendo poco factible distinguir entre lo que constituye la actividad delictiva propiamente dicha y un comportamiento desviado de las costumbres, tradiciones, condicionamientos socioeconómicos en que viven, o lo que sería más preocupante, que estas conductas se constituyan en un modo de vida, un medio normal y habitual, en el cual se desarrollan desde su nacimiento y sus primeros años de vida (1).
La personas se definen a sí mismas en base a su sistema de autopercepción, el mismo se construye con conceptos, actitudes, deseos, expectativas, voliciones, y valoraciones de la persona, estructurados en un todo organizado y dinámico que a partir de una realidad externa adquiere en el sujeto, autonomía para la toma de decisiones (2).
En ese sentido los recursos económicos, condiciones de trabajo, desigualdades en los servicios sanitarios, la educación, etc. tienen una influencia decisiva en los comportamientos individuales y colectivos (3).
Por su parte el Centro Latinoamericano y del Caribe de Demografía (CELADE) integrante de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) define a la vulnerabilidad social como “la combinación de: a) eventos, procesos o rasgos que entrañan adversidades potenciales para el ejercicio de los distintos tipos de derechos ciudadanos o el logro de los proyectos de las comunidades, los hogares y las personas; b) la incapacidad de respuesta frente a la materialización de estos riesgos; y c) la inhabilidad para adaptarse a las consecuencias de la materialización de estos riesgos (4).” Esquemáticamente la CEPAL (4) representa a la vulnerabilidad social como:
Desde el enfoque de vulnerabilidad social se aspira a comprender los fenómenos estructurantes de la sociedad, los recursos de las personas como activos físicos, humanos sociales, la capacidad de acción y los riesgos a los que se exponen los actores sociales. Para Kaztman, el nivel de vulnerabilidad de un hogar se relaciona con la posesión de activos. Esto significa la disponibilidad de recursos para la mayor conveniencia y la mejor utilización de las oportunidades que la coyuntura en la cual se desenvuelve, le brinda (5).
La vulnerabilidad es un concepto dinámico asociado principalmente con la pobreza sobre la que impactan otros elementos vulnerabilizantes como el aislamiento, la inseguridad, la indefensión, la desconfianza, las presiones positivas/negativas, provenientes del exterior o del interior del sujeto. La vulnerabilidad social es una característica cambiante que incide en el sistema autoperceptivo del sujeto, el que varía de acuerdo a la experiencia y la edad. Díaz (2) siendo la adolescencia el momento en que se configura el esquema adulto de la percepción de la realidad.
En este trabajo nos propusimos conocer las percepciones y significado del contexto de procedencia de los jóvenes alojados en los centros socioeducativos del área penal juvenil de la Provincia de Córdoba, Argentina.
Metodología
Se desarrolló una investigación cualitativa teniendo en cuenta las normativas del Consejo de Organizaciones Internacionales de las Ciencias Médicas (CIOMS) (6). A los fines de indagar acerca de contexto de procedencia, la autopercepción y expectativas futuras que poseen jóvenes institucionalizados en los centros socioeducativos del penal juvenil de la Provincia de Córdoba, se aplicó la técnica de entrevista guionada (7) a 32 jóvenes, de 14 a 18 años de ambos sexos, alojados por un período no menor a seis meses en los centros socioeducativos del Complejo Esperanza. (predio de 52 hectáreas ubicado fuera del ejido de la Ciudad de Córdoba; en el km 14,5, del Camino de 60 cuadras, en el que se encuentran cuatro centros educativos: Módulo I (ex Horizontes), Módulo II (Ex Nuevo Sol), Módulo III (Ex Pasos de Vida), Módulo IV (Ex San Jorge), que alojan a varones de 12 a 20 años, en conflicto con la ley penal de la Provincia de Córdoba El centro que aloja a jóvenes mujeres, en esas circunstancias es el CESAM, que en el momento de realizar este estudio se encontraba en el Barrio Nueva Córdoba de la Ciudad.
Las entrevistas a cargo de una única investigadora, se llevaron a cabo en forma individual, en los consultorios de los equipos técnicos (psicólogos y trabajadores sociales), de los distintos centros, en un único momento con una duración aproximada de 50 minutos. Se realizó el planteamiento sucesivo de las directrices temáticas derivadas de los objetivos de la investigación y de la evolución de la entrevista: perfil sociodemográfico, antecedentes laborales, tiempo libre, grupo de pares, grupo familiar, costumbres, pautas culturales de contexto.. Las entrevistas fueron grabadas, simultáneamente se registró, durante la microsituación, las impresiones, sensaciones, actitud de los jóvenes y características en un diario de campo.
Luego se obtuvo el corpus específico con la transcripción literal posterior a la transcripción de las entrevistas, dichas acciones fueron realizadas por la investigadora a cargo.
El análisis de la información se realizó a través de la Teoría Fundamentada (muestreo teórico, método comparativo constante (8), en forma individual y luego en conjunto con otros investigadores (triangulación)
Por último, cabe señalar que se han utilizado códigos alfanuméricos para mostrar los casos que sustentan los resultados presentados en este trabajo.
Resultados
Características sociodemográficas del grupo en estudio
En un estudio marco, realizado en los centros socioeducativos del penal juvenil de la Provincia de Córdoba, del que se desprende el presente trabajo, participaron 70 jóvenes, 94% varones y 6% mujeres, de 14 a 18 años, con una edad media de 16,91±1,11, siendo el 37% de 18 años. El 34% de ellos han concluido el nivel primario de educación, 69%, son residentes en la Ciudad de Córdoba y el 69% poseen antecedentes laborales del tipo informal (1,9,10). El 29% pertenece a familia tipo nuclear; el 26% tipo monoparental; sólo el 1% de ellos residieron, por decisión judicial, en instituciones de bien público. El rol de jefe de familia es ejercido en un 36% por la madre, el 33% el padre/padrastro, hermanos el 6%, 25% por abuelos/tíos; con ocupación del tipo informal el 67%. El 36% de los jefes de hogar tiene nivel de instrucción primario completo (1,9,10).
El 93% de los jóvenes participantes de la investigación habitan en casas de construcción del tipo tradicional; cuentan con agua de la red pública el 90% y el 81% disponen de transporte urbano con paradas próximas a sus hogares (1,9,10).
El proceso de análisis del corpus y las notas de campo registradas mostraron con gran riqueza las distintas formas en que perciben sus contextos de procedencia y se autoperciben los jóvenes en situación de encierro y cuáles son sus expectativas para el momento de recuperar la libertad.
Contexto de procedencia de los jóvenes en situación de encierro
Los jóvenes del estudio integran familias del tipo extendida, donde surge la figura del padrastro.
Con mi vieja y mis hermanos. Somos seis, tres varones y tres mujeres. .. Después mi mama me presento, supuestamente, al novio de ella, todo y nos fuimos a vivir a Cosme. . . En Pilar, vivía con mi mama y mi hermano de 20 años y mi sobrinito de 2 – 3 añitos. Y mis otros hermanos están juntados, son más grandes que yo; mucho más grandes que yo (N0005, varón, 15 años).
Las actividades realizadas por los integrantes de la familia, se dividen entre la escuela para los más pequeños y laborales para el jefe de familia, que recae tanto en la madre como en el padre.
Son tres hermanas más chicas. Tienen 16, 12 y 10. Todas van a la escuela”. . . “Mi mama en una pollería, ahí en la ruta, y mi papa en una fábrica metalúrgica camino a Monte Cristo (G0004, varón, 18 años).
Refieren una buena relación con la familia; más confianza con los hermanos, pero no aceptan la puesta de límites.
Con mi hermano, el más grande, tiene 26. Ahora se fue a vivir a otro lado, ahí cerca del barrio nomás. Con mis papas también me llevo bien, con los dos, pero a veces no les hacía caso (H0002, varón, 17 años).
Escolaridad
Estos jóvenes no han cumplimentado con los niveles de escolaridad, entre los motivos de interrupción emerge la mala conducta, y la falta de interés por las actividades escolares:
. . . por moquero, porque no iba. . . Y por quedarme en otro lado, lo que menos hacia era quedarme en el colegio (B0007, varón, 16 años). . . . tenía mala conducta, así, y me echaban, y yo volvía, así y me recibían. Y después me volvían a echar hasta que me fui, porque estaban hablando de mí, así, que me echaban que se yo, y bueno, y que yo volvía. Y yo escuche, así, que me estaban sacando el cuero y bueno me fui (M0009, varón, 15 años).
Grupo de pares
En cuanto a sus amigos, marcan diferencia según la procedencia (escuela y/o barrio) y clase social.
De la escuela y del barrio” . . . “No, nunca porque como que no eran de la misma clase de sociedad. Si como que la escuela era. . . tenía más clase y estos eran muy negros así. Y como que no compartían así. Nunca se juntaron (V0039, varón, 17 años).
“La esquina” aparece como lugar de encuentro en el barrio para el grupo de pares:
A todos lados no íbamos, andábamos en todo juntos” . . . “Nada, nos quedábamos en la esquina después salíamos así, a echar moco. Y a veces salíamos a bailar, pero cada tanto, no éramos de eso (G0004, varón, 18 años). Los deportes surgen como ocupación del tiempo libre: . . . “yo jugaba mucho a las bochas antes y me gustaba mucho jugar a las bochas. . . (F0008, varón, 18 años).”
Actividades Laborales
Los jóvenes presentan en su mayoría experiencias de actividades laborales, las cuales refieren diferentes significaciones.
Como una actividad rentada para adquirir sus gustos y ayuda familiar: “de todo un poco – piensa- me vestía, le daba a mi mama y nada más (F0003, varón, 16 años).” Como rebusque: “Y uno aprende, se la rebusca. Acá también hice taller (Mr0001, varón, 18 años).”
Como espacio de aprendizaje en acompañamiento de un adulto:
Mi hermano es el encargado de ese taller, y mi hermano tiene el taller de él. Y él me enseñó . . . . Cristian, mi hermano el más grande, aclara. Hay un par de cosas que yo miraba y aprendía y otras cosas que no entendía y le preguntaba a él (B0007, varón, 16 años).
Surge también, la obtención de dinero, a través de actividades ilícitas, para el “bardo
1
”:
Me la bardeaba. Con esa compraba ropa y con lo que robaba me la bardeaba en joda. Para que no se dieran cuenta en mi casa. Con la plata del trabajo compraba ropa, todo eso . . . Y la otra me la bardeaba en joda, hoteles, y esas cosas. . . Ah compre un auto nomás, con la plata que robaba pero supuestamente la había encontrado (G0004, varón, 18 años).
Autopercepción de su forma de ser
Cuando los jóvenes del presente estudio describen su forma de ser lo hacen en relación al otro.
Yo soy nada que ver como los otros chicos que están ahí a dentro. Una cosa que no me gusta es que me charlen y si no me gusta charlar, no me gusta que me charlen. Y la otra es que si me están charlando, me la aguanto. Me pueden estar hartando, charlándome y no le digo nada (N0005, varón, 15 años). No, si, a mí no me pueden decir nada, es al pedo, no doy bola (Mr0001, varón, 18 años). A mí me da lo mismo, nací así y voy a morir así. No cambiaría Nada. . . (N0005, varón, 15 años).
También dejan entrever cualidades de bondad y solidaridad que se contraponen a su accionar:
Que soy un chico bueno. Cuando necesitan una ayuda la doy. Yo en enero del año pasado yo iba a viajar a Misiones, con unos amigos a hacer ayuda comunitaria. Yo salía yo iba a la iglesia. . . ¡Escucha lo que hacía! (se ríe). . . Salía, robaba y me iba a Carlos Paz a entregar folletos de la iglesia. Aunque no lo creas. . . (G0004, varón, 18 años).
Proyecto para el futuro inmediato
Todos los jóvenes alojados en los centros socioeducativos tienen metas para cumplir para el momento que egresen de estas instituciones entre ellas surgen estas propiedades:
Expectativas ideales para el egreso relacionadas a trabajo formal y la escolaridad
Irme al taller de él (hermano más grande) porque él hace todas las marcas. Donde estaba yo, hacemos Fiat nomás. Es una sucursal de la concesionaria de Fiat nomás . . . Terminar el colegio, total creo que no me cuesta nada. . . (B0007, varón, 16 años).
Cambio de conductas para el futuro motivada por afecto materno
Si (contesta firme), siempre estoy diciendo que tengo que cambiar, hacer las cosas bien. Las cosas que hacía, no las puedo hacer más, por mi mama. . .. (F0003, varón, 16 años). . . . La forma de pensar, tengo que cambiar, no le quiero dar más quilombo a mi mama, tengo que cambiar por mis hijas, no quiero que me vean acá. . . (Mr0001, varón, 18 años). . . . el orgullo, siempre digo, no es una boludés. También lo hago por la fama que me hacen. Porque eso trae muchos problemas, eso me trajo acá. Y porque yo andaba explotando plata, todo así, y la gente por envidia. . . (G0004, varón, 18 años).
Expectativas reales para el “afuera”
Y sería mejor decirle que voy a trabajar, pero. . . ¿sabe qué?. . . la repuesta está afuera. . . (Aclara) porque yo puedo prometer, jurar que voy a hacer las cosas bien acá, todos dicen lo mismo, que van a trabajar, estudiar, bla bla. Pero afuera lo ves, cuando querés tener algo y buscas que sea más fácil. Yo ya me conozco. Además si me voy de acá, me voy para la de mayores. Acá ya no (Mr0001, varón, 18 años).
Discusión
Nuestro trabajo permitió vislumbrar, descubrir y conocer las vivencias de jóvenes infractores de la ley alojados en los centros socioeducativos del área penal juvenil de Córdoba, en el transcurso de su vida y su situación actual de encierro, lo cual se vio reflejado a través de sus diferentes expresiones y relatos.
El perfil sociodemográfico de los jóvenes en situación de encierro por medidas de privación de libertad, participantes de la presente investigación, resultó similar al de otros estudios realizados con jóvenes infractores de la ley.
En nuestra población de estudio predominó el género masculino (94%) siendo esto similar a lo hallado en diversos estudios realizados con jóvenes infractores de la ley en España (M: 82%; F: 18%) durante el año 2006 (11), en Asturias (M: 90%; F: 10%) (12), en el año 2012 en México (M: 97,5%; F: 2,5%) (13).
Si bien hasta el momento a nivel local, son pocos los estudios realizados en este grupo poblacional en una investigación llevada a cabo durante el año 2008, en el mismo contexto se presentó igual relación entre géneros (M: 96%; F: 4%) (14).
Este predominio del género masculino podría estar relacionado con la construcción de la identidad de los varones, en una sociedad patriarcal y heteronormativa que lleva a los jóvenes a ocupar espacios callejeros donde se expresan y reproducen lógicas prácticas y representaciones construidas con los otros que asignan a las mujeres el rol de cuidadoras pero no de proveedoras. En muchos casos la actividad delictiva se relaciona con la obtención de dinero.
En nuestro país al igual que en otras partes del mundo, no existen grupos de jóvenes infractores de la ley integrados únicamente por mujeres; estas se suman en un rol de colaboradoras (15) resignando su posición al mandato del patriarcado.
Si bien los jóvenes refieren buena relación intrafamiliar, no aceptan para sus acciones los límites legales o los propios de la unidad doméstica, lo que pone en tensión el habitus del joven y el contexto. El dispositivo disciplinario en esas familias se relaciona a las lógicas prácticas de madres y padres, supuestamente ubicados en un espacio social, (en el trabajo, en quehaceres diarios, etc.
En cuanto al lugar de procedencia de los jóvenes en estudio, a pesar de tener lugares de residencias habituales se trasladan por diferentes barrios y localidades para llevar a cabo sus hechos delictivos.
Los jóvenes de nuestro estudio concurrían a establecimientos escolares cercanos a sus domicilios, fueron repitentes, y abandonaron la escuela. Entre los motivos que emergieron como causantes de esa interrupción señalan la mala conducta, su propia decisión. En las últimas décadas se han implementado programas nacionales para la retención de los jóvenes en el nivel secundario, que han sido insuficientes. El abandono de las actividades educativas responde a múltiples factores entre los que se destacan el nivel de ingreso y de escolaridad de los padres, la aplicación de la norma como formación discursivas disciplinante y la escuela como replicadora de un modelo descontextualizado, normalizador y ejecutor de violencia simbólica para la reproducción social. Aspectos todos que contribuyen a la escasa significación que dan estos jóvenes a la educación.El contexto de los centros socioeducativos en los que se encuentran recluidos los jóvenes, surge sin dejar de lado el discurso disciplinante, el que aceptan al menos transitoriamente, como único espacio contenedor y de acompañamiento donde concluir con los niveles de escolaridad e instrucción laboral a través de diferentes talleres. Sin embargo, en muchas ocasiones los jóvenes no se encuentran motivados para concurrir a estas actividades justificándose con diversas excusas, desgano, disgusto, preferencias por otras actividades de distracción, etc, lo que evidencia la falta de significación de la instrucción para estos jóvenes. A pesar de ello, reconocen desde el “deber ser”, construido por otros, a la educación como agente legítimo de socialización y movilidad social que les permite la construcción de proyectos personales.
Volviendo al contexto de procedencia las lógicas prácticas, bienes y servicios de consumo diferencia los pares de la escuela, del barrio y clase social. La forma de hablar, de caminar, de mirar, la ropa que se usa, la marca, la música que se escucha, etc., actúan como dispositivo discriminatorio que funciona en todo grupo.
Los antecedentes de trabajos que manifiestan estos jóvenes son de tipo informal, las actividades que desarrollan están relacionadas con la construcción, mecánica del automotor, reparto entre otras. La necesidad de trabajo surge en ocasiones con la figura de rebusque para acceder el mundo material y cubrir sus necesidades; también con el acompañamiento de un adulto, representado por la imagen de quien ejerce el rol de jefe de familia (padre, padrastro, hermano, abuelo) y le enseña la actividad. Si bien estos trabajos son consideradas subempleos para estos jóvenes constituyen la actividad rentada a través de la cual obtienen dinero, con el cual ayudan a sus familias, generalmente a las madres y los más pequeños de su grupo familiar (hermanos menores y sobrinos). En este plano emerge la alternancia entre trabajo y actividad delictiva, doble ocupación (16), ambos para la obtención de dinero necesario para la satisfacción de sus necesidades, a partir de lo que adscriben al sistema de “dos platas” (16). Una de fácil obtención a través de sus acciones ilícitas la que es gastada en salidas, drogas, bebidas alcohólicas, para el “bardo” como ellos mismos relatan y la otra obtenida más laboriosamente, la cual es destinada a la compra de ropa y a la ayuda familiar. Acordando con Kessler (16) se puede decir entonces, que estos jóvenes legitiman su accionar delictivo en la lógica del proveedor, la cual justifica su accionar para satisfacer sus necesidades.
Cuando se refieren a su forma de ser, lo hacen en relación a los otros, al “grupo de pertenencia y al deseo de pertenecer a otro de referencia”, de acuerdo a sus posibilidades, en relación a la acumulación de diversas especies de capital, que importan y reconvierten en un determinados contexto (legal o ilegal). La reciprocidad se da entre pares, a la espera de que en un futuro la inversión de su accionar se pueda hacer efectiva, sería como una reconversión, espera su reciprocidad, confía que el otro se comportara de la forma que espera, es decir “mi inversión (la ayuda que yo di) me sea retribuida”.
La organización familiar predominante del presente estudio es nuclear a diferencia de lo observado en el mismo contexto en el año 2009, donde las de mayor frecuencia fueron las familias monoparentales, pero en ambas investigaciones la madre ejerce el rol de jefe de familia (14). A través de las entrevistas se pudo visualizar que en muchos casos la figura del padrastro legitimado en el rol padre por el acompañamiento y la contención, impacta positivamente como factor de protección social. En otros casos independientemente de la organización familiar (padre/padrastro/ madre) la puesta de límites la ejerce otro integrante de su círculo vital, el hermano mayor. La figura materna aparece como conciliadora, compresiva y de respeto máximo aunque muy débil en cuanto a autoridad. Sin bien el afecto materno aparece como principal motivo para el cambio de conductas de estos jóvenes, se visualiza en ellos, una tensión entre los anhelos de cambio y la desesperanza (indefensión) aprendida (17). Al hablar de anhelo estamos haciendo referencia a que existe un compromiso de la psiquis del sujeto para lograr el cambio de conducta. La acumulación de frustraciones termina por condicionar al ser humano a la creencia que cualquier esfuerzo por superar esa situación de infortunio sería realmente inútil, dándose lo que se conoce como
Si bien estos jóvenes provienen de contextos, relaciones y realidades diversas, los recursos económicos, condiciones de trabajo, desigualdades en los servicios sanitarios, la educación, entre otros procesos influyen fuertemente en sus comportamientos. La impotencia de respuesta a la combinación de estos hechos estructurales adversos les conduce a modos alternativos para el logro de sus proyectos minimizando sus riesgos y consecuencias.
La situación de encierro actúa como denominador común y revelador de la construcción de cambios conductuales y anhelos, los cuales, ellos mismos, reconocen que al momento del egreso serán condicionados por su contexto de origen. El “afuera” es el campo social en el cual se mueve estratégicamente, a partir de su pequeño margen de autonomía individual, (libertad de acción), en relación con el deseo, para cuya concreción existen las condiciones materiales como condicionantes, aunque no determinante. Es consciente de que en “el afuera”, conquistar eso que se quiere, no será fácil. Acceder a un trabajo formal, con sus antecedentes legales será muy dificultoso y en relación a el contexto socio-económico macro, la reproducción social de sus prácticas y representaciones esta cuasi-sellada.
En Argentina en las últimas décadas se produjeron una serie de transformaciones vinculadas con reformas estructurales en el papel del Estado, políticas macroeconómicas, instituciones constitutivas de la vida social y del sobrevenir joven como la escuela, la familia, la política, el trabajo que profundizaron la precarización en las condiciones de vida y afectaron el ejercicio de derechos sociales en los cuales es necesaria la intervención del Estado para asegurarlos.
Estos cambios causaron incremento de la desigualdad, crisis en torno al empleo y heterogeneización de la pobreza, transformando de modo significativo las condiciones de vida de la población joven (20,21). Se generaron diferentes escenarios de inclusión-exclusión donde se identifican diferentes situaciones de vulnerabilidad y tipologías de soporte que no pueden ser sino abordadas desde una noción de trayectoria social de una persona o un grupo transitando en un espacio social y caracterizado por medio de la descripción del escenario social (22).
No se trata de que los jóvenes se integren a un orden social dado, reconozcan los valores culturales y adquieran ciertas competencias funcionales, los desafíos que la inclusión social pone de relieve refieren a la accesibilidad a oportunidades y recursos, a las condiciones materiales y simbólicas para ejercer los derechos. Esto pone en tensión autonomía versus control social donde surge como interrogante la medida en que las políticas, estrategias e intervenciones favorecen el desarrollo de un pensamiento crítico, contribuyen a la ampliación del universo sociocultural, generan las condiciones para que cada individuo sea dueño de su propia vida (22).
Footnotes
Declaración de conflicto de intereses
Ningún conflicto declarado.
Financiación
Ninguna financiación declarada.
1.
Bardo: término utilizado por los jóvenes para definir la ruptura de reglas de convivencia, que no siempre estas asociadas a conductas delictivas.
