Abstract

Las declaraciones de Waiora, Rotorua y Tiohtià:ke
Entre el 2019 y el 2022, la Unión Internacional de Promoción de la Salud y Educación para la Salud (UIPES) emitió tres notables declaraciones. En primera instancia, de la Conferencia Mundial de la UIPES 2019, realizada en Rotorua, Aotearoa/Nueva Zelanda, surgieron la Declaración de Rotorua WAIORA: Promover la Salud Planetaria y el Desarrollo Sostenible para Todos (1) y la Declaración de los Pueblos Indígenas para la Salud Planetaria y el Desarrollo Sostenible (2). Conscientes de que los conocimientos y prácticas occidentales que separan a los humanos de la naturaleza han contribuido de manera desproporcionada al riesgo de un colapso ecológico, los delegados de la UIPES hicieron un llamado para dar prioridad a las voces indígenas en la promoción de la salud planetaria y el desarrollo sostenible en torno a cuatro áreas fundamentales.
En el 2022, los delegados de la Conferencia Mundial de la UIPES prepararon la Declaración de Tiohtià:ke: ‘Favorecer el desarrollo de políticas para la salud, el bienestar y la equidad’ (3). Tiohtià:ke es una palabra Kanienʼkéha (la lengua del pedernal, hablada por la comunidad Kanienʼkehá꞉ka), que hace referencia al lugar ancestral conocido como Montreal (Canadá), donde se realizó la Conferencia. La Declaración de Tiohtià:ke se basa en las áreas de acción propuestas en la Declaración de Rotorua, y delinea el camino para privilegiar las voces indígenas y comprometerse con la descolonización dentro de la UIPES.
Como investigador emergente de México que vive actualmente en Canadá, estoy especialmente interesado en el llamado que hace la Declaración de Tiohtià:ke para “desaprender y romper los supuestos y los sesgos del pasado”. En este editorial comparto ideas sobre lo que desaprender ha significado para mí en el contexto de la promoción de la salud. Inspirado por las formas no-directivas de compartir conocimiento de las comunidades Anishinaabe, no pretendo compartir mis entendimientos en un tono de prescripción. Por el contrario, invito a quienes leen este texto a reflexionar sobre si las ideas que presento se aplican a sus contextos y de qué manera.
Saber de dónde venimos antes de fijar el rumbo
En una reciente entrevista para un podcast (4), el Dr. Michel Hart, de la Fisher River Cree Nation, dijo que las sociedades no-indígenas tienden a estar demasiado orientadas hacia los objetivos, sin reflexionar necesariamente en por qué se fijaron dichos objetivos. Desde la perspectiva de su nación, es imprescindible saber quién eres, de dónde vienes y los valores de tus comunidades de origen antes de crear cualquier proyecto. Solo entonces habrás alcanzado una buena preparación para fijar las metas a las que quieras llegar.
Siguiendo el consejo del Dr. Hart, debo compartir unas palabras sobre mis orígenes. Nací y crecí en Guadalajara (México) y desde hace seis años vivo en Canadá. Soy mestizo (una categoría de identidad no indígena, asignada en Latinoamérica a las personas que tienen una ascendencia mixta), la mayoría de mis antepasados son nativos de México y sólo tengo información de un pariente de España. En el contexto de donde vengo, los procesos históricos y actuales de colonialismo han intentado imponer sistemas de gobernanza, instituciones y conocimientos eurocéntricos a los diversos pueblos que habitan el territorio hoy conocido como México. La naturalización de las suposiciones y prácticas eurocéntricas se puede ilustrar a través de la consolidación del sistema de educación pública de México en el siglo 20. Las escuelas públicas reforzaron los conocimientos eurocéntricos, reivindicaron al español como el idioma dominante y pasaron por alto una rica diversidad de conocimientos indígenas sobre la administración ambiental, los sistemas de gobernanza y el desarrollo comunitario.
Desafortunadamente, el racismo antindígena continúa siendo muy extendido entre los mestizos, limitando nuestra habilidad para aprender de los conocimientos, las espiritualidades y las prácticas de los Pueblos Indígenas. Algunos de los ejemplos más conocidos de liderazgo indígena sobre los determinantes sociales y ecológicos de la salud en México están en Cherán K’eri, una comunidad P’urhépecha que ha defendido con éxito sus bosques del crimen organizado y de la corrupción gubernamental (5), y en el movimiento Zapatista, un movimiento indígena multiétnico que ha desarrollado uno de los modelos más inspiradores de desarrollo económico y comunitario anticapitalista (6).
La descolonización es para todos
Siendo mestizo, he desarrollado un profundo interés en cuestionar los supuestos eurocéntricos. Sin embargo, la teoría decolonial me ha enseñado que los procesos de descolonización pueden interesar a cualquier persona, sin importar su ascendencia. Lo que se conoce a menudo como “occidental” o “eurocéntrico” en la literatura de la promoción de la salud se refiere a una forma particular de ser, saber y hacer, que los filósofos han bautizado como “modernidad”. La modernidad no se refiere a algo “nuevo”, sino a una forma de existencia que surgió hace más de 500 años. La modernidad se expandió en Europa y hacia el resto del mundo a través del colonialismo europeo, las ideas de la Ilustración, la consolidación de los Estados-nación y la expansión del capitalismo (7). Con el avance de la modernidad, las formas preexistentes de ser y estar en el mundo –algunas de las cuales comparten premisas relacionales asociadas con los sistemas de conocimiento indígena– fueron descartadas o eliminadas.
Aprender sobre la expansión de la modernidad y del colonialismo a través del mundo me hace pensar que sin importar de dónde vengamos, en algún momento nuestros antepasados humanos practicaban medios de existencia que estaban en sintonía con los ecosistemas en los que habitaban y aseguraban la continuación de la vida. Reconectar con estas formas de vivir y adaptarlas a los contextos actuales puede ser una fuente valiosa de orientación para afrontar el Antropoceno.
Desaprender los supuestos y los prejuicios (modernos)
Reconectar con las tradiciones ancestrales de conocimiento puede ser un desafío para quienes hemos sido excesivamente socializados a través de las instituciones modernas, pues sin darnos cuenta podemos descontextualizar las prácticas ancestrales de sus cosmovisiones de origen y reinterpretarlas a través de los supuestos del pensamiento moderno (8). Por esta razón, familiarizarnos con las premisas de la modernidad puede ser un paso en la larga travesía hacia la descolonización (9). Los supuestos de la modernidad incluyen (7,9):
La separación entre el ser humano y la naturaleza
La desvinculación entre lo sagrado y lo humano
El derecho a controlar la naturaleza para lograr objetivos humanos
El deseo de generar progreso a través de la ciencia y la tecnología
Un entendimiento lineal de tiempo que prefiere lo “nuevo”
Una visión de la realidad que prefiere las “cosas” antes que las “relaciones”
El papel autoasignado de la ciencia como la mejor forma de conocimiento
La creencia de que el conocimiento y la agencia provienen solo de los humanos
La superioridad autoasignada del ser humano moderno en relación con el Otro
Cuando la Declaración de Tiohtià:ke hace un llamado a desaprender y a romper los supuestos del pasado, yo pienso en los supuestos de la modernidad arriba citados, muchos de los cuales raramente se examinan en varias tradiciones científicas, incluida la promoción de la salud occidental. Los supuestos de la modernidad contrastan claramente con las características de las cosmovisiones indígenas presentadas en la Declaración Waiora, entre ellas, la interactividad entre lo material y lo espiritual, la posición de la humanidad como parte de una Madre Tierra viviente, y el énfasis en las relaciones y en la interdependencia entre todo lo que existe.
Darle cuidados paliativos a la modernidad
Aunque no hay una fórmula para desafiar los supuestos coloniales en la promoción de la salud o en algún otro campo, pienso que el trabajo de Vanessa Andreotti “Hospicing modernity” (9) es una inspiración para responder al llamado de la Declaración Tiohtià:ke a cuestionar nuestros supuestos y prejuicios. Andreotti (también conocida como Machado de Oliveira) describe la modernidad como una única historia sobre el mundo que protege ferozmente su unicidad descartando o eliminando otras historias. Por supuesto, la modernidad no es buena o mala en sí misma. El problema es que la mayoría de las personas estamos tan comprometidas intelectual, emocional y relacionalmente con las enseñanzas de la modernidad que ahora nos cuesta trabajo involucrarnos con otras historias. Este problema es desafortunado porque tomar en serio las historias no modernas puede ser fundamental para darle sostenibilidad a la salud humana y a la de los ecosistemas en el Antropoceno. Andreotti propone la práctica de “darle cuidados paliativos” a la modernidad que existe en nuestros cuerpos y en el entorno. Si le ayudemos a la modernidad a morir de una forma tal que se honren sus enseñanzas, también podría abrirse un espacio para que otras historias guíen nuestras relaciones con otras personas y con la tierra. Dichas historias pueden provenir de los Pueblos Indígenas y de otras comunidades (campesinos, grupos de base comunitaria, por ejemplo) que han sido obligados a sobrevivir en las condiciones más desafiantes del capitalismo, el colonialismo y el patriarcado en el Sur global (incluyendo el Sur en el Norte).
Hacia la integración de diversas tradiciones de conocimiento en la promoción de la salud
La metáfora de “darle cuidados paliativos a la modernidad” y otras nociones como el Etuaptmumk Mi’kmaw (también conocida como ‘Ver con dos ojos’) (10), el espacio ético de Ermine (11) y las ecologías de saberes de Santos (12) nos pueden ayudar a establecer relaciones respetuosas entre la ciencia moderna, los sistemas de conocimiento indígenas y otras tradiciones de conocimiento. Si aceptamos que la ciencia moderna es solo una forma de saber entre muchos otros sistemas de conocimiento igualmente válidos, entonces ideas modernas como “salud”, “promoción de la salud” y “desarrollo sostenible” no tienen que estar necesariamente en el centro de nuestras conversaciones.
En su conjunto, las Declaraciones de Waiora, Rotorua y Tiohtià:ke me llevan a pensar que nociones como el Waiora maorí (13), el Mino Bimaadiziwin anishinaabe (14) o el Sumak Kawsay (Buen Vivir) quechua (15), pueden ser igualmente – y tal vez más – capaces de transmitir los tipos de principios, relaciones y conocimientos necesarios para promover un planeta saludable y balanceado en el Antropoceno. Al derivarse de las cosmovisiones relacionales indígenas, dichas nociones (i) se refieren a las interconexiones entre el ser humano, la naturaleza y el reino espiritual, (ii) van más allá de los entendimientos occidentales de la salud y el bienestar para incluir enseñanzas sobre la identidad cultural, la participación social, el respeto y la interdependencia entre todos los seres, y (iii) movilizan la sabiduría ancestral con el fin de garantizar las condiciones adecuadas para la continuación de la vida hoy y para las generaciones venideras.
Mi sueño para quienes nos dedicamos a la promoción de la salud es que podamos moldear cada vez más nuestra comprensión y nuestra práctica a través de las similitudes, las diferencias y las inconmensurabilidades de las diversas tradiciones de conocimiento. Desarrollar esta competencia puede implicar ser bien versados en nociones occidentales como “salud” y “desarrollo sostenible” y en las tradiciones de conocimiento de las comunidades de donde venimos y con las que trabajamos. Esta tarea es profundamente relacional porque, como Etuaptmumk nos los recuerda, cada individuo y comunidad aporta solo una pieza del rompecabezas, una parte limitada del conocimiento y las prácticas acuerpadas que son necesarias para sostener la vida dentro del metabolismo vivo de la Tierra. Sigamos uniendo estas piezas entre todas las personas y pueblos.
