
Introduction
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Urban and regional reconstruction after the February 27, 2010, earthquake and tsunami in Chile was organized by master plans at the local level. These plans, based on public-private partnerships, can be considered an innovation as an instrument of postdisaster reconstruction. They emerged as a commitment to privatization of urban planning in Chile. An analysis of two master plans based on field research carried out between 2011 and 2014 reveals that they had limited impact because of weak public-private ties, lack of comprehensiveness, and lack of legitimacy. They can be read as failed attempts at neoliberal deepening at the level of urban and regional administration.
Después del terremoto y del sunami del 27 de febrero de 2010 en Chile la reconstrucción urbana y regional fue organizada usando planes maestros a nivel local. Estos planes, con base en alianzas público-privadas, pueden considerarse una innovación como instrumento de reconstrucción posterior a un desastre. Surgieron como una transigencia con la privatización de la planificación urbana en Chile. El análisis de dos planes maestros con base en el trabajo de campo que se llevó a cabo entre 2011 y 2014 revela que esos planes tuvieron un impacto limitado debido a la debilidad de los lazos entre el sector público y el sector privado, la falta de un enfoque amplio y la falta de legitimidad. Se pueden entender como esfuerzos fallidos de la profundización neoliberal al nivel de la administración urbana y regional.
Decades of neoliberal policy have left Chile with a skeletal state that administers social policy through targeting and outsourcing in public-private partnerships that lack coordination. The reconstruction after the 2010 earthquake and tsunami responded to the emergency largely according to these same principles. While official reports on the reconstruction effort show a state that is complying with its goals, evidence from fieldwork in the city of Constitución illustrates that this method is highly inadequate in the context of a natural disaster. Chile should establish a social policy structure for natural disasters that allows for a rapid response to a social emergency based on universal or near-universal allocation criteria.
Varias décadas de políticas neoliberales han dejado a Chile con un estado débil que simplemente administra las políticas sociales por medio de la focalización y las subcontrataciones en alianzas público-privadas que carecen de coordinación. La reconstrucción después del terremoto y el sunami de 2010 respondió a la catástrofe mayormente de acuerdo a estos mismos principios. Mientras los informes oficiales sobre los esfuerzos de reconstrucción muestran a un estado que cumple con sus metas, el trabajo de campo en la ciudad de Constitución demuestra que este método es decididamente insuficiente en el contexto de un desastre natural. Chile debe establecer unas estructuras de política pública para lidiar con los desastres naturales que permitan dar una respuesta rápida a las emergencias sociales en base a criterios de asignación universales o casi universales.
The Chilean province of Concepción was little prepared for the impact of the earthquake and subsequent tsunami that took place on February 27, 2010. Because of the destruction of roads and bridges, the power outage, and ineffective communication, each neighborhood was essentially left to fend for itself with virtually no assistance from local and provincial authorities. Within the first 24 hours, panic hit, with stores being looted and local politicians calling for a military presence, and neighbors joined together to protect their property from looting gangs, even in the poorest neighborhoods. Most of these committees were not based on the traditional neighborhood councils that had emerged since the return to electoral democracy in 1990. In the emergency camps established by families that had lost their houses, the new leaders established a more autonomous and horizontal leadership style in their search for decent living conditions and a definitive housing solution. At first glance, these new leaders appear to be a return to the autonomous popular organizations that emerged during the dictatorship but were demobilized under electoral democracy. Ironically, the earthquake and the new center-right government seem to have offered a political opportunity for the reemergence of a more autonomous civil society.
La provincia chilena de Concepción estuvo poco preparada por el impacto del terremoto y el posterior tsunami que ocurrió el 27 de febrero de 2010. Debido a la destrucción de caminos y puentes, el apagón, y la comunicación ineficaz, cada barrio fue esencialmente librado a su suerte prácticamente sin asistencia de las autoridades locales y provinciales. Dentro de las primeras 24 horas cundió el pánico, con saqueos de las tiendas y llamados de los políticos locales por una presencia militar, y vecinos juntándose para proteger su propiedad de las bandas de saqueo, aún en los barrios más pobres. La mayoría de estos comités no estaban basados en los tradicionales consejos barriales que habían surgido desde el retorno de la democracia electoral en 1990. En los campamentos de emergencia establecidos por las familias que habían perdido sus casas, nuevos líderes crearon un estilo de liderazgo más autónomo y horizontal en la búsqueda de condiciones decentes de vida y una solución definitiva sobre la vivienda. A primera vista, estos nuevos líderes parecen representar un retorno a las organizaciones autónomas populares que surgieron durante la dictadura pero que fueron desmovilizados bajo la democracia electoral. Irónicamente, el terremoto y el nuevo gobierno de centro-derecha parecen haber brindado una oportunidad política para la reemergencia de una sociedad civil más autónoma.
The criticism of the reconstruction that followed the cataclysm in Chile in 2010 has centered on contingent factors including the performance of politicians. An examination of the way structural factors conditioned the governmental response to the 8.8 earthquake shows that the constitution created by the military regime shaped the reconstruction through provisions that limited vertical and horizontal accountability in intrastate and state-society relations. The subsidiary state, executive-legislative power relations, the binomial electoral system, and the appointment rather than election of regional authorities favored a recovery effort that has been underinstitutionalized, privatized, characterized by scant participation of victims, and marred by irregularities. An analysis of governmental reports, media outlets, polls, and semistructured interviews conducted with legislators, social leaders, and scholars sheds light on the relation between the constitution and the recovery.
La crítica a la reconstrucción que siguió el cataclismo de 2010 en Chile se ha centrado en factores contingentes incluyendo el desempeño de los políticos. Un examen de la manera en la cual los factores estructurales condicionaron la respuesta gubernamental al terremoto de 8.8 puntos demuestra que la Constitución creado por el régimen militar configuró la reconstrucción a través de disposiciones que limitaron la responsabilidad vertical y horizontal en las relaciones intraestatales y de estado-sociedad. El estado subsidiario, las relaciones de poder ejecutivo-legislativo, el sistema electoral binomial, y el nombramiento en lugar de la elección de autoridades regionales favoreció un esfuerzo de recuperación que ha sido subinstitucionalizado, privatizado, caracterizado por escasa participación de las víctimas, y empañado por irregularidades. Un análisis de los informes gubernamentales, medios de comunicación, encuestas, y entrevistas semi-estructuradas con legisladores, líderes sociales, y académicos ilumina la relación entre la Constitución y la recuperación.
The nascent Trans-Pacific Partnership (TPP) trade agreement puts the United States at the center of an expanding liberalization regime connecting the Americas to the Asia-Pacific region. U.S. power is bound up with the globalization of Latin America’s political economy, and the TPP is indicative of U.S. efforts to renew its hegemony in the region. It reinforces the importance of “free trade” on the post–Washington Consensus agenda, undercutting existing Latin American–led approaches to integration while responding to China’s growing influence in the hemisphere. As the free-trade consensus is reconstructed through the TPP process, U.S. hegemony in the Americas is potentially extended even as it continues to face challenges in the structural, institutional, and ideological dimensions of intrahemispheric affairs.
El naciente Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) coloca a Estados Unidos al centro de un régimen de liberalización en expansión que conecta a las Américas con la región Asia-Pacífico. El poder estadunidense está vinculado a la globalización de la economía política latinoamericana, y el TPP es indicativo de los esfuerzos de Estados Unidos por renovar su hegemonía en la región. Refuerza la importancia del “libre comercio” en la agenda establecida después del Consenso de Washington, socavando los intentos latinoamericanos de integración regional mientras responde a la creciente influencia de China en el hemisferio. La hegemonía estadunidense crece potencialmente en el continente americano conforme se reconstruye un consenso de libre comercio a través del proceso del TPP. Al mismo tiempo, continúa afrontando retos estructurales, institucionales e ideológicos en las relaciones intrahemisféricas.
During the 1980s, the study of social movements became a central element of Chilean social thought. In the context of the struggle against the dictatorship, the forms of organization and protest deployed by the popular sectors attracted the attention of academics and politicians in an attempt to determine their nature and democratizing potential. Hegemonic sociology concluded that social movements did not exist in Chile and that social mobilizations had to be subordinate to the strategy of political parties, thereby bestowing a “scientific” status on the social-political divide. In the 1990s, with the end of the dictatorship, those sociologists abandoned the study of social movements. Only social history persisted in the understanding of the formation of popular subjectivities, contributing tools for characterizing the popular realm and the most recent outbreaks of protest and mobilization.
El estudio de los movimientos sociales se constituyó como un eje central del pensamiento social chileno en la década de los ochenta. En el contexto de la lucha contra la dictadura, las formas de organización y de protesta desplegadas por los sectores populares concitaron la atención de académicos y políticos, en aras de establecer su carácter y potencialidad democratizadora. La sociología hegemónica concluyó que no existían movimientos sociales en Chile, y que las movilizaciones sociales debían subordinarse a la estrategia de los partidos políticos, dotando de “cientificidad” la escisión entre lo social y lo político. En los noventa, con el fin de la dictadura, aquellos sociólogos abandonaron el estudio de los movimientos sociales. Sólo la historia social perseveró en la comprensión de la constitución de las subjetividades populares, aportando herramientas para la caracterización del mundo popular y de los más recientes estallidos de protesta y movilización.
In Latin America and other parts of the world, the social volatility of the past two decades has focused attention on the traditional concepts of what political structures and practices should be, highlighting what might be characterized as an empirical bursting at the seams of the classic normative frameworks. In this context it is of interest to analyze the proposal of the Ejército Zapatista de Liberación Nacional (Zapatista Army of National Liberation—EZLN) to establish a political-social organization parallel to the institutional framework recognized by Mexican law and contribute to the debate that has arisen about this kind of experiment and its transformational potential.
En América Latina y en otras partes del mundo la efervescencia social de las últimas dos décadas ha interpelado las concepciones tradicionales sobre el deber ser de las estructuras y practices políticias, escenificando lo que podría caracterizarse como un desbordamiento empírico de los encuadres normativos clásicos. Frente a tal scenario interesa analizar la propuesta del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) para esta-blecer una organización politico-social paralela al andamiaje institucional reconocido por la legislación y abonar al debate que desde el pensamiento crítico se está promoviendo sobre este tipo de experiencia y su potencial transformador.
While Guatemala has commonly been referred to as a “postconflict” setting since the end of the armed conflict of 1960–1996, Guatemalans today experience a new violence that has been described as a symptom of the changes brought about by neoliberal reforms. Q’eqchi’ Mayas’ reports of violent evictions, murders, rapes, and threats of violence point to fissures in the government’s “postconflict” discourse. The state’s counterinsurgency violence has been transformed into a kind of state-supported violence in which government institutions act at the behest of agribusinesses and mining companies to evict Q’eqchi’ from their traditional territories. The resolution of land ownership disputes between communities, the state, and corporations is central to Q’eqchi’ political imaginaries.
Guatemala suele ser catalogada como una sociedad de posconflicto desde el cese del conflicto armado de 1960-1996, pero actualmente los guatemaltecos sufren un nuevo tipo de violencia que ha sido descrita como un síntoma de los cambios causados por las reformas neoliberales. Las denuncias de los Mayas Q’eqchi’ sobre desalojos violentos, asesinatos, violaciones y amenazas de violencia dejan al descubierto las grietas en el discurso de “posconflicto” del gobierno. La violencia de la contrainsurgencia del estado se ha transformado en un tipo de violencia sancionada por las autoridades por medio de la cual las instituciones estatales actúan a instancias de la agroindustria y las compañías mineras para desalojar a los Q’eqchi’ de sus territorios ancestrales. La resolución de las disputas por la propiedad de la tierra entre las comunidades indígenas, el estado y las corporaciones es esencial para el imaginario político Q’eqchi’.
While much has been written on indigenous policy in Bolivia and Ecuador, the indigenous presence in the Argentine experience has been largely overlooked, perhaps because of the strong state-led homogenizing tradition that has obscured the country’s multiethnic character. A study of state formation and indigenous policy in northwestern Argentina focused on the Programa Social Agropecuario, launched during the 1990s, and its replacement, the Secretaría de Agricultura Familiar, established in 2006 under a new political model, shows an opening up of opportunities for indigenous organizations. At the same time, a private sector with excessive power persists. Strategies targeting the indigenous as a group have been useful for reversing the devastating effects of 1990s neoliberalism, but the formal incorporation of indigenous people into the state’s structure risks the loss of their political and historical particularities.
Si bien se ha escrito mucho sobre las políticas indígenas en Bolivia y en el Ecuador, la presencia indígena en la experiencia argentina ha sido en gran medida ignorada, quizás debido a la fuerte tradición homogeneizadora que, dirigida por el estado, oculta el carácter multiétnico del país. Un estudio sobre la formación del estado y política indígena en el noroeste de Argentina, usando como ejemplos el Programa Social Agropecuario (que fue lanzado en la década de los 90) y su sustituto, la Secretaría de Agricultura Familiar (que fue establecida en 2006 bajo un nuevo modelo político) muestra una apertura de oportunidades para las organizaciones indígenas. Al mismo tiempo, persiste un sector privado con un poder excesivo. Las estrategias dirigidas a los indígenas como grupo han sido útiles para revertir los efectos devastadores del neoliberalismo de la década de los 90, pero la incorporación formal de las comunidades indígenas a la estructura del estado trae el riesgo de la pérdida de las particularidades políticas e históricas de esas comunidades.
The War on Drugs has had grave humanitarian consequences for Latin America. It has encouraged a highly militarized and ultimately unsuccessful approach to drug control, leading to violence, displacement, and human suffering throughout the region. In acknowledging and responding to this suffering, humanitarian organizations have recently begun to frame this situation as a “humanitarian crisis” to facilitate humanitarian entry into new spaces. There is a need for a conceptual conversation about the use of the label “humanitarian crisis” in reference to the human costs of the War on Drugs in Latin America, particularly its rhetorical and normative use by the media and civil society and its strategic and moral use by humanitarian actors.
La Guerra contra las Drogas ha tenido grave consecuencias humanitarias para América Latina. Ha promovido un enfoque altamente militarizado y en última instancia fallido, para controlar las drogas, lo que ha provocado violencia, desplazamientos y sufrimiento humano a través de la región. Como reconocimiento y respuesta a este sufrimiento, las organizaciones humanitarias recientemente han empezado a plantear esta situación como una “crisis humanitaria” para así facilitar la entrada humanitaria en nuevos espacios. Es necesario que se dé una conversación teórica sobre el uso de la categoría “crisis humanitaria” en referencia a los costos humanos de la Guerra contra las Drogas en América Latina, especialmente su uso retórico y prescriptivo por parte de los medios de comunicación y la sociedad civil y su uso estratégico y moral por parte de los agentes humanitarios.












