Abstract
El capital social supone importantes inversiones materiales, simbólicas y de esfuerzos. Conocer el capital social de una comunidad puede facilitar la comprensión del beneficio de las relaciones comunitarias para la promoción de salud. Con el objetivo de reconocer los componentes del capital social de padres de escolares atendiendo una escuela en una zona vulnerable de la ciudad de Córdoba, Argentina, indagamos a través de grupos focales acerca de elementos esenciales del capital social. La asintonía socio-cultural entre los pobladores originarios y los reubicados, la estigmatización policial y el clientelismo político han generado desconfianza del uno hacia el otro en diferentes aspectos convivenciales, siendo la familia la única red de apoyo. La escuela se reconoce como espacio adonde la gente espontáneamente se organiza para invertir en redes sociales, presentándose así con potencialidad para la promoción de conductas saludables, por el lugar simbólico que ocupa para los padres.
Introducción
Loury y Bourdieu (1) utilizan el concepto de capital social, que toma peso en Latinoamérica por los trabajos de Putnam y Coleman, y el interés del Banco Mundial y del Banco Interamericano del Desarrollo (2). Para el Banco Mundial (3) constituyen capital social las instituciones, relaciones y normas que conforman la calidad y cantidad de las interacciones sociales de una sociedad, y se considera a la cohesión social como un factor crítico para que las sociedades prosperen económicamente y que su desarrollo se mantenga sostenible.
Putnam considera capital social a los aspectos de las organizaciones sociales como las redes, normas y confianza que permiten la acción y la cooperación para el beneficio mutuo. Para algunas versiones derivadas de este concepto, el capital social tiene la capacidad de suministrar remedios a los grandes problemas sociales (2).
Bourdieu lo relaciona con los atributos del capital en su sentido convencional: acumulación, inversión, mantenimiento, rendimiento, movilización y concentración. Lo define como el conjunto de recursos (actuales o potenciales) ligados a una red duradera de relaciones más o menos institucionalizadas de interconocimiento o de inter-reconocimiento (grupo de pertenencia) unida por vínculos permanentes y útiles que se asientan en intercambios materiales y simbólicos. Para el mismo autor, constituye el conjunto de relaciones sociales que una persona puede movilizar en un momento determinado y que le pueden proporcionar mejor rendimiento que sus otros capitales (económicos y culturales), y es una fuente de poder que se pone en juego, que se intenta acumular y por el cual se está dispuesto a luchar (4). Se entiende que no puede ser desligado del capital económico, a cuya reproducción contribuye. Consideradas las diferentes formas en que se concibe el capital social, incluida la opción más despolitizada del término adoptada por entidades como el Banco Mundial, nuestro trabajo se inscribe en la noción de corte sociopolítico planteada por Bourdieu.
Por su parte, el concepto de vulnerabilidad puede ser ambiguo, polisémico. Desde el discurso mediático, se alude a fenómenos diversos y situaciones disímiles. Entendemos la vulnerabilidad social como “una condición social de riesgo, de dificultad, que invalida, de manera inmediata o futura, a los grupos afectados, en la satisfacción de su bienestar en contextos sociohistóricos y culturalmente determinados” (5). La vulnerabilidad social está conformada por cuatro dimensiones: trabajo, capital humano (educación y salud), capital físico del sector informal y relaciones sociales (vínculos-redes) (6), por lo que estaría íntimamente relacionada al capital social de una persona.
Una de las inequidades vividas en las zonas urbano-marginales del contexto de investigación (la ciudad de Córdoba), es la que se expresa en términos del proceso de salud-enfermedad y atención de la población. Conocer el capital social de esas comunidades puede posibilitar un abordaje diferencial del proceso y facilitar la comprensión, no solo de los beneficios desde un enfoque formal biomédico, sino también, la articulación de las prácticas sociales con curadores tradicionales o alternativas desde un enfoque informal, no excluyendo los grupos que las consumen (7).
El capital social ha sido analizado en relación a diversas áreas: (educación, criminología, movilidad y trabajo, democracia y gobernabilidad, desarrollo socio-económico y superación de la pobreza en América Latina. Las investigaciones respecto a la asociación entre capital social y salud son más recientes (8-10). El concepto de capital social, en su relación con la promoción de la salud presenta potencialidades y limitaciones dependientes de los contextos socio-culturales, por lo que se constituye en prioritario su medición y su fortalecimiento (11).
En Argentina es escasa la comunicación de trabajos que se refieran a capital social y vulnerabilidad (12,13), y no se han encontrado evidencias empíricas relacionadas al campo de la promoción de la salud.
Reconocer a los elementos del capital social presentes en una comunidad resulta fundamental para potenciar la participación activa de sus integrantes en acciones de promoción de salud. En este sentido, nos propusimos explorar las dimensiones que conforman el capital social de padres de escolares de una comunidad vulnerable de la ciudad de Córdoba, Argentina.
Contexto del estudio
La ciudad de Córdoba sigue el modo de crecimiento urbano por extensión y anexión de suelo urbano, caracterizado por crecimiento de la periferia que sobrepasa los límites jurisdiccionales de la ciudad. Coexisten así áreas de valorización creciente por especulación inmobiliaria, que eligen los segmentos de población con altos ingresos; y otras, como el caso del Cuadrante SE de la ciudad, de escaso valor y deterioro ambiental, habitado por segmentos menos favorecidos, y en donde conviven familias establecidas hace años con familias trasladadas recientemente por políticas sociales de gobierno.
El sector se caracteriza por la presencia de problemas físico-ambientales y funcionales: falta de conectividad e integración del sector (relaciones internas y con el resto de la ciudad), espacios verdes e infraestructura; inundaciones por anegamiento y contaminación de suelo, agua y aire, que afectan la calidad de vida integral de la población, cuya condición socioeconómica refleja vulnerabilidad para enfrentar los problemas señalados. En este contexto, la escuela es una institución de importante presencia que puede constituirse en un espacio de promoción de salud.
Diseño Metodológico
El presente estudio deriva del trabajo de diseño de estrategias de promoción de salud que nuestro equipo de investigación desarrolla en la comunidad educativa de la escuela María del Tránsito Cabanillas, única institución educativa de nivel primario del sistema público radicada en el barrio el Quebracho, ubicado en el sector urbano marginal del Cuadrante SE de la ciudad de Córdoba, categorizada como de alta vulnerabilidad educativa (16).
Se realizó un estudio cualitativo para explicar las relaciones sociales en la que se construye el capital social de las personas involucradas. Para recolectar información se aplicó la técnica de grupo focal (14), que estimula el debate y la generación de ideas para explorar en profundidad el tema elegido (15).
Se les explicó a directivos, maestros y auxiliares el propósito del estudio y se acordó invitar por carta individual a los padres/cuidadores que figuran en el registro institucional a participar en el mismo. Con los que aceptaron la invitación autoreferenciados como padres (varios con 2 o 3 hijos en la institución), se conformaron dos grupos focales de 8 (7M, 1V) y 10 (8M, 2V) participantes.
Desarrollo de grupos focales
Los participantes dieron su consentimiento por escrito, siguiendo la normativa internacional establecida en la Declaración de Helsinki y en el “Council for International Organizations of Medical Sciences” (CIOMS) (17). Los grupos focales fueron llevados a cabo por un facilitador capacitado para ello. Las dimensiones de análisis, derivadas de trabajos de medición de capital social (18) se introdujeron a través de situaciones de vida cotidiana de la comunidad (Tabla 1).
Situaciones de la vida cotidiana utilizadas, según la dimensión de estudio, para iniciar la interacción dentro del grupo focal.
El dialogo se centró principalmente en: “quién”, “qué”, “cuándo”, “cómo” y “por qué”. Las sesiones, realizadas en un aula de la escuela en el horario intermedio entre la jornada de la mañana y de la tarde, duraron de 45 a 50 minutos. En cada sesión estuvieron presentes tres observadores, dos encargados del registro etnográfico escrito y otro del registro audiovisual.
Procesamiento de la información
Se elaboró una matriz de datos en torno a: participación social, percepción de la comunidad, redes sociales de apoyo y confianza social. Se realizó un análisis inductivo de las transcripciones verbales por codificación abierta. Este análisis de la información se realizó siguiendo a Bardin (19).
A partir de la transcripción escrita de las verbalizaciones, se procedió a la lectura individual y etiquetamiento (codificación abierta) del conjunto de datos. Luego, en lectura colectiva, se exploraron, revisaron, seleccionaron y agruparon los datos por temas o características comunes. El proceso involucró varias lecturas de las transcripciones y notas de campo. Avanzando en el proceso de análisis, se generaron categorías (axiales o relacionales) que se aglutinaron según correspondiera en las categorías preestablecidas en permanente confrontación, generándose una dialéctica entre los datos analizados y los saberes existentes para la generación de teoría sustantiva.
Análisis y discusión de resultados
Cuatro elementos esenciales articulan el capital social (22):
la pertenencia a un grupo;
la existencia de intercambio material y simbólico que se dan en su interior;
el grado de institucionalización, y
los recursos que posee dicho grupo.
Es en ese sentido que se tomaron como dimensiones de análisis: redes sociales, participación social, percepción de la comunidad y confianza social.
La definición de capital social marca la intima relación de éste con las redes sociales:
“… conjunto de recursos actuales o potenciales que están ligados a la posesión duradera de relaciones más o menos institucionalizadas de inter-conocimiento y de inter-reconocimiento; o en otros términos, a la pertenencia a un grupo, como conjunto de agentes que no están solamente dotados de propiedades comunes… sino que están también unidos por lazos permanentes y útiles” (23).
Diferenciamos por un lado, el nivel de estructura (relaciones entre posiciones) y por el otro, el de la interacción entre agentes. Esto último tiene lugar dentro de una estructura, pero no es algo que pueda deducirse simplemente de ésta. Las interacciones mediadas por el hábitus son el resultado de la primera. La red no es más que un modo como se estructuran las interacciones como manifestación de las estrategias de los agentes sociales, que a su vez son el corolario de sus hábitus. En este sentido, a dicha estructura (diferente de la del espacio social), la situamos a nivel de las interacciones y forma parte del conjunto de condiciones en donde los agentes producen y reproducen sus prácticas y representaciones (24).
Redes sociales de apoyo
Las redes que los agentes del barrio pueden movilizar, parecen estar relacionadas principalmente con familiares y con la escuela, y aún más, viven a momentos de esa institución. El capital social que circula de forma implícita en estas redes, no le proporcionaría a esta comunidad de padres un provecho a su patrimonio (económico y cultural especialmente), a la vez que no constituye fuente de poder y por ello no es algo que está en juego, no se intenta acumular y por lo visto es algo por lo que no están dispuesto a luchar:
“… no, no, no somos compañeros los vecinos de decir, bueno vamos, ya que el centro vecinal no hace algo, lo hagamos nosotros, como vecinos que somos.” (Mujer 3, original del barrio)
“El centro vecinal, pero son ellos nomas y así ni hacen nada tampoco, o sea, porque en realidad son ellos nomas y uno va y reclama por algo ‘si’…’si’…y queda si y nada más.” (Mujer 2, original del barrio)
Las redes sociales entre clases o dentro de una clase o fracción de la misma, donde podemos identificar posiciones diferenciadas, componen espacios donde circulan recursos (simbólicos y materiales) y donde se establecen lazos sociales particulares que estimulan o promueven unas estrategias participativas más que otras.
De este modo, la igualdad de carencias que se (23) establece como una de las condiciones de pertenencia grupal, se relativiza en tanto que las capas de escasos recursos, si bien ocupan posiciones similares en el espacio social, no necesariamente son homogéneas entre sí: por un lado, porque pueden ocupar posiciones diferenciadas dentro de las redes de las que son parte y, por el otro, porque pueden establecerse redes entre pobres y no pobres.
“…si hay problemas uno habla por ahí con las maestras: ellas no tienen drama te escuchan, conmigo es así.” (Mujer 5, original del barrio) “Aparte en el programa ese del C.A.I. (Centro de Actividades Infantiles. Ministerio de Educacion de Córdoba) también que ayuda mucho a los chicos, o sea…” (Mujer 6, original del barrio) “Porque a mí me gusta la escuela, me encanta, me encanta que mi hija aprenda y como la tratan a mi hija en la escuela y como me trata a mi en la escuela, las maestras son súper amorosas, todas, todas desde primero a sexto (grado) ¡todas! Por eso siempre estoy acá apoyándola, ayudándolas en lo que pueda. Hasta cuando pueda.” (Mujer 4, nueva en el barrio). “Si uno confía, deja sus hijos adentro del colegio y sabemos que no los van a dejar salir hasta que uno llegue” (Varón 1, original del barrio).
Lo simbólico puede sobredeterminar cualquier propiedad o una combinación de ellas; así el crédito o la notoriedad de algunas personas puede constituir (producto de las percepciones del lugar) representaciones favorables sobre la posición de los agentes en la institución escolar. Las expectativas positivas surgen en la medida que son percibidas por los otros como un valor práctico basado en el reconocimiento de un poder de ese valor.
Participación Social
A lo largo del acompañamiento en la escuela y el barrio, en tanto participantes activos, intentamos hacer visibles en las interacciones con los agentes las relaciones, tramas y capacidades para relacionarse en respuesta a necesidades e intereses propios, y no solo a mandatos o señalamientos dados. En ese sentido distinguimos dos lógicas de acción: la instrumental y la vincular.
La primera hace referencia al movimiento de medios, que se asocian al éxito económico y a la producción. Entendemos a la acumulación y al consumo como sus actos constitutivos, con lo cual las relaciones interpersonales se tornan utilitarias en función a la mercancía. O sea, proyectos en función de resultados.
“…y por eso es lo que yo le digo de la política del Centro Vecinal: para mi últimamente son todos iguales o sea el vecino siendo de donde sea son iguales, prometen en ese momento, uno elige y después ya desaparecen… o sea para mí son iguales todos” (Mujer 5, original del barrio). “Desaparecen (los políticos), o sea necesitan y vuelven y vuelven, otras promesas, las mismas promesas que hicieron la vez pasada con otra más. Y bueno uno agarra por la necesidad que hay vuelve a eso, y después de esos se ocupan el puesto que se postulan y después ni se acuerdan (se ríe)” (Varón 3, original del barrio).
La lógica vincular hace referencia al movimiento en las relaciones interpersonales, viene asociada al bienestar y al malestar emocional de las personas. Cuenta como actos constitutivos la expresión y la comunicación, la activación de las redes sociales y la validación de la participación de las personas en las acciones, incluida la toma de decisiones.
“¡Y el policía me lo tironeo así!!…me lo cazó de la remera para sacarlo a la calle porque lo quería sacar de adentro para subirlo al móvil y llevarlo, entonces mi hijo le dijo ‘¡No! A mi hermano no lo tocas porque está recién operado y le acaban de dar el alta y si vos lo llegas a golpear no sabes a dónde vas a ir a parar.’ Sí, pero hizo un espectáculo la policía y se vino el hombre del frente y dice… ‘fílmenlos,’ dice… ‘fílmenlos’…dice, y ‘mañana váyanse a la central y denúncienlos.’ Así que yo y mi vecina al otro día fuimos a la central y los denunciamos” (Mujer 4, nueva en el barrio). “O a la mañana cuando salen a trabajar…cuando salen a trabajar la mayoría de la gente 5:30, 6:00, para ir a tomar el colectivo, tienen que ir con un vecino que se vaya en el mismo horario para cargar las cosas, porque si vas solo… no llevar la cartera al hombro porque… te sacan hasta el hombro, te sacan…” (Varón 12, original del barrio).
Percepción de la comunidad
Las personas se fortalecen con la interacción en la comunidad donde hacen su vida cotidiana. El contexto social debería tener una función psicosocial y otorgar a sus habitantes un sentido básico de pertenencia a una comunidad con la que comparten concepciones similares del mundo, actitudes y valores. Sin embargo, no basta con ser partícipe de una realidad colectiva común para presuponer la conciencia personal como representante de una identidad determinada. Se requiere del sentido de pertenencia como forma de adscripción al universo simbólico de dicha colectividad; como expresión del grado de significación y sentido que los códigos imperantes, los valores, juicios, tareas compartidas y actividades por emprender que alcanzan, realmente, para cada sujeto. El sentido de pertenencia, con toda la carga afecto-cognitiva que conlleva, es elemento arraigante y movilizador de la actividad grupal y lo que es más importante, constituye un generador de valencias y cohesión intragrupal (24).
Coexisten en el grupo de estudio una lógica vincular de prácticas históricamente dadas en grupos familiares o entre vecinos originarios del barrio, con la de aquellos agentes que han sido reubicados recientemente. No todos tienen sentido de pertenencia al barrio, no hay sintonía socio-cultural:
“…porque nos costó tanto, hemos luchado tanto por este barrio y, irse ahora por la inseguridad seria…” (Mujer 11, nueva en el barrio). “…yo a Olmedo (barrio) …no lo cambio por nada, toda la vida nací me crié ahí, así que sea que esté como esté, amo mi barrio. ‘Olmedo’ para mi es mi cuna, entonces no puedo cambiarlo por nada, así me digan ‘vamos a Cerro de las rosas’ (barrio de alto nivel socioeconómico) ‘…no dejame acá …. no me puedo ir.’ ” (Mujer 1, original del barrio). “… yo tengo miedo de, de que, de que le pase algo (al hijo). Y bueno, pero es así como estamos viviendo hoy en día, así estamos viviendo, el barrio cambió…” (Mujer14, original del barrio). “No me acostumbro. Nunca nos acostumbramos. Desde que nos trajeron.” (Mujer 7, nueva en el barrio). “Me pone triste ver el barrio cuando uno vino que estaba lindo, que las plantas, que teníamos para tomar mate…digo ¿cómo la gente no cuidó o no supo cuidar?” (Mujer 17, original del barrio). “Si, agua tengo. Tengo agua, tengo todo. Pero nosotros estamos acostumbrados a vivir en el campo.” (Mujer 4, nueva en el barrio).
Las dos lógicas se encuentran presentes en el cotidiano. La instrumental parece ser la vigente, pues es de la cual hablan mayormente los medios, con la cual se toman las decisiones que afectan a la mayoría de la población y la que rige las relaciones comerciales y laborales, mientras que la vincular se suele mantener reservada para el ámbito doméstico. El hecho de estar en un centro vecinal, escuela o en una cooperativa no garantiza de por sí que las relaciones se rijan por una u otra lógica, es decir, las lógicas no corresponden estrictamente al nombre que se dé al espacio de interacción, ni al objetivo explícito que persigan.
Se puede pensar que la estructura social del barrio se identifica con la reciprocidad cara a cara, de instituciones y agentes. Si esta relación asume formas burocráticas y clientelares, se corre el riesgo de que la reciprocidad sea simulada y la alteridad, hipócrita.
“… por suerte en mi casa pasan a cada rato las motos (de policías), al vicio andan vuelteando ellos, porque como la nafta no la pagan ellos, pero cuando entraron a robar al frente de mi casa que hay una pollería, ellos ni enterados… llamaron… yo le digo a mi mamá… ‘vos sos corajuda,’ le digo… como vas a llamar a la policía le digo, se llegan a enterar los otros que vos llamaste …y ‘¿qué me importa? dice’… ‘mirá si lo matan a este chico’, dice, que dicho y hecho, tiraron un disparo y le pegó en la heladera y si lo agarra a él lo mata. Y yo le digo… ‘tas loca,’ o sea, mientras no le hagan nada a él y listo, que le lleven lo que quieran, pero ni llames a la policía, se enteran estos que vos llamaste le digo, entran acá…” (Mujer 1, original del barrio). “Veas lo que veas cállate, no digas nada. Si viene la policía bien y si no viene también, pero no digas nada, porque no va a ser cosa que se enteren, porque acá todos ellos así como vienen de otro lado, tienen amigos acá en el barrio y esos amigos se van a enterar que fuiste vos la que llamaste a la policía, le digo…” (Mujer 3, original del barrio).
Confianza social
El principio de reciprocidad generalizada, sobre el que se basan las redes sociales, se refleja en la siguiente cita de Putnam (25): “Haré esto por ti ahora sin esperar nada a cambio inmediatamente, y tal vez sin ni siquiera conocerte, confiando que en algún momento tú, o alguien más, me devolverá el favor.” (25).
Las ventajas o beneficios que una de las partes logra de la relación en el presente, serán retribuidos a la otra en un futuro próximo.
“Se lavan las manos, te dan las cosas y después chau… las bolsas y chau.” (Mujer 5). “A mí la señora (nombra una diputada de la provincia) me prometió un puesto de trabajo y todavía lo estoy esperando, al sindicato de casas (Sindicato de Empleadas de Casas de Familia) ¡no voy más! Le digo… no voy más le digo, porque ya no estoy para estar atrás de ustedes, le he dicho a ustedes, no cumplen, ninguna cumple. La señora (diputada)… no tendrá su tiempo, pero ustedes tampoco tienen tiempo le digo, y yo vengo acá cuando ustedes necesitan, yo colaboro con ustedes entonces no… Basta ¡me cansé! Busco trabajo por cuenta mía, que sé que en algún momento voy a conseguir y ahora conseguí.” (Mujer 4).
Este tipo de reciprocidad no se limita a una relación entre dos agentes, sino que aparece como un bien de la comunidad que no indica necesariamente altos niveles de generosidad. Constituye para Putnam (25) un atributo capaz de volver a las sociedades más eficientes en tanto la cooperación a menudo facilita el logro de los propios objetivos:
“La norma de reciprocidad generalizada reconcilia el interés personal con la solidaridad: cada acto individual en un sistema de reciprocidad es por lo general caracterizado por una combinación de lo que uno podría llamar el altruismo a corto plazo e interés propio a largo plazo: le doy una mano ahora en la expectativa que usted me dará una mano en el futuro” (25).
En ese sentido, se observa en los agentes del barrio una preocupación por asegurar la continuidad de la relación de reciprocidad, una vez que una de las partes ya se ha visto beneficiada.
“Todos progresan cuando llega el tiempo, ellos quieren estar en las votaciones y…” (Mujer 3, original del barrio). “Y desaparecen… o sea necesitan y vuelven y vuelven otras promesas… y uno agarra por la necesidad que hay.” (Varón 4, nuevo en el barrio).
La reciprocidad y la confianza no son más que dos caras de una misma moneda, en tanto la primera sólo puede sostenerse por la confianza en que los favores serán retribuidos, mientras que es esta retribución la que amplía los niveles de confianza en una comunidad.
Paralelamente, la participación de los individuos en redes sociales más amplias permite que la confianza se extienda más allá de las personas a quienes conocemos directamente, lo cual implica que “confío en ti porque confío en ella, y ella me asegura que confía en ti” (26). Es a partir de este carácter transitivo que la confianza se torna local o generalizada. En términos de capital social, Putnam (25) sostiene que la confianza es el elemento que lubrica la cooperación, ya que cuanto mayor es el nivel de confianza dentro en una comunidad se incrementan las probabilidades de cooperación y de este modo, la confianza social está fuertemente asociada con el compromiso cívico y el capital social.
En este sentido, los agentes no confían en vecinos que no conocen cara a cara, no hacen actividades voluntarias si no hay una reciprocidad futura, no apoyan acciones de ayuda o altruismo, no participan en política ni en organizaciones comunitarias y son menos tolerantes.
“Quizás estás viendo que a uno lo están robando, está viendo y no dice nada ni llama a la policía, a mí no me robaron así que, que le roben a él o sea, no, no hay…” (Varón 2, nuevo en el barrio). “No…o sea, uno se preocupa por uno mismo nada mas, yo cuido mi casa y si a los del frente yo veo que le están robando bueno, que se joda por no estar en su casa, o por no estar despierto, o por no atender, es así, es la realidad eso…sí, es así.” (Mujer 7, nueva en el barrio).
La escuela cita a trabajar en conjunto, pero una vez que la convocatoria se activa, las metas y las acciones pueden variar con respecto a la propuesta inicial, lo que no siempre es sencillo de aceptar. Muchas veces la participación se resume en preguntarles a las personas qué les gustaría tener o realizar, pero no siempre se incluye la pregunta acerca de qué están dispuestos a hacer para obtenerlo. Esto remitiría a un protagonismo responsable, y una vez que se comienza a hacer marchar este proceso, la participación avanzaría en dirección a la toma de decisiones compartidas entre los agentes sociales involucrados.
Conclusiones
La asintonía sociocultural entre los pobladores originarios y los vecinos nuevos de reubicación en el barrio, la estigmatización policial, el clientelismo político, la desconfianza en las organizaciones que ejercen poder (cooperadoras, centro vecinal, policía, partidos políticos, funcionarios del estado, etc.) y el escaso sentido de pertenencia al barrio, erosionan el capital social construido, generando desconfianza hacia el “otro” en diferentes aspectos convivenciales, saboteando las estrategias de reproducción familiar para beneficio propio, quedando la escuela como único espacio reconocido en donde la gente espontáneamente se organiza para invertir en redes. Es así que la escuela se presenta como el espacio con potencialidades para la promoción de la salud, al ocupar tal lugar simbólico para los padres. Una tarea fundamental es conseguir la confianza en los que no se conocen, a partir de su confianza en la institución. En la actualidad se está produciendo una transición en la direccionalidad de la promoción de la salud desde el eje individual hacia el nivel comunitario, donde el capital social juega un rol central. En este sentido, el impacto de las políticas de promoción de la salud, dependerá del capital social que circula en la comunidad, en la medida en que las estrategias implementadas faciliten la construcción de redes informales y nuevos espacios de participación destinados al cuidado de la salud.
El capital social podrá desempeñar un papel de protector de la salud en consonancia al contexto socio-cultural específico, siempre y cuando paralelamente a la construcción de la confianza social, se aporten conocimientos de salud, para evitar el intercambio de información distorsionada.
Footnotes
Reconocimientos
Esta investigación no recibió ninguna subvención específica de cualquier organismo de financiación en el sector sin fines de lucro, pública, o comerciales.
Conflicto de intereses
No se declara.
